miércoles, 21 de septiembre de 2011

Recomendaciones literarias (1). "La literatura en peligro" Tzvetan Todorov

"Si hoy me pregunto por qué amo la literatura, la respuesta que de forma espontánea me viene a la cabeza es: porque me ayuda a vivir. Ya no le pido, como en la adolescencia, que me evite las heridas que podría sufrir en mis contactos con personas reales. Más que excluir las experiencias vividas, me permite descubrir mundos que se sitúan en continuidad con ellas y entenderlas mejor. Creo que no soy el único que la ve así. La literatura, más densa y más elocuente que la vida cotidiana, pero no radicalmente diferente, amplía nuestro universo, nos invita a imaginar otras maneras de concebirlo y de organizarlo.
         Todos nos conformamos a partir de lo que nos ofrecen otras personas: al principio nuestros padres, y luego los que nos rodean. La literatura abre hasta el infinito esta posibilidad de interacción con los otros, y por lo tanto nos enriquece infinitamente. Nos ofrece sensaciones insustituibles que hacen que el mundo real tenga más sentido y sea más hermoso. No sólo es un simple divertimento, una distracción reservada a las personas cultas, sino que permite que todos respondamos mejor a nuestra vocación de seres humanos."

La literatura en peligro. Tzvetan Todorov. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009. Página 17.


lunes, 11 de julio de 2011

No soy de aquí, ni soy de allá..... (Facundo Cabral)

Me gusta el sol, Alicia y las palomas
el buen cigarro y la guitarra española...
Saltar paredes y abrir las ventanas,
y cuando llora una mujer.

Me gusta el vino tanto como las flores
y los conejos, pero no los tractores
el pan casero y la voz de Dolores,
y el mar mojándome los pies...

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color
de identidad

Me gusta estar tirado siempre en la arena
o en bicicleta perseguir a Manuela
o todo el tiempo para ver las estrellas
con la María en el trigal

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color
de identidad...



Tengo 36 años y por vez primera (deformaciones literarias... ¿porqué no decir "por primera vez"?)... escucho a Facundo Cabral. A propósito de su muerte, cosas de esta vida!. Recuerdo a un viejo amigo, de aquellos tiempos prehistóricos teñidos de azul y nostalgia en tierras australes, que me hablaba de Facundo, pero nunca le presté atención, tal vez prejuiciado por mis ideales adolescentes.
Ahora acabo de escuchar unas diez veces la voz de Facundo en esta canción maravillosa, mientras a ratos mi hija de cuatro años viene a modelarme su vestido nuevo, feliz de estar despierta a las diez de la noche por ser vacaciones, sonriéndome..... Y me ocurre algo tan curioso, tan inasible. Pienso que debí haber oído esta canción antes, tal vez un par de cosas no habrían sido iguales. Esto debería llamarse "Nostalgias teosóficas jurídico chilensis de un hijo pródigo", pero como dice Cortázar por ahí: Stop! Esto va derivando para otra cosa... :-) ¿habrá, a estas alturas, quien entienda?

domingo, 10 de julio de 2011

Panoramas teatreros. (1) De cómo nos comportamos cuando se nos mueve un poquito la tierra.

Bueno, vi hoy esta obra en el teatro del puente, y no me queda más que recomendarla. Sólo advertir que se requiere cierta amplitud de criterio para disfrutarla, dado un par de momentos no aptos para mentes decimonónicas. He aquí parte de la presentación de la obra en la página del teatro:

"Existen países que siempre se verán afectados por catástrofes naturales, Chile es uno de ellos, los terremotos y tsunamis han dejado una huella profunda en nuestra historia, no son una excepción, es una tragedia que se repite. El terremoto del sábado 27 de febrero del año 2010 vino a desenmascarar las desigualdades y fracturas sociales que existen en nuestro país, sus divisiones, temores, carencias, paranoias y tabúes. Este espectáculo tiene por objeto reflexionar sobre las contradicciones de nuestra sociedad a partir de esta catástrofe:
¿Que nos hace sentirnos chilenos?, ¿Es realmente verdadero ese sentimiento de solidaridad hacia los nuestros?…lo perverso no se encuentra en lo imaginario, si no en lo que esconde la realidad."

Juan Millalonco Díaz.-

viernes, 8 de julio de 2011

La reflexión cotidiana...el metro y el amor divino...



Me apropio del título de don Humberto Giannini para contar lo de anteayer… Ocurre que viviendo en una ciudad como Santiago de Chile, con el tipo de rutinas que impone el medio, y algunas otras autoimpuestas, pasan largas temporadas en que mi interacción con el entorno se reduce casi a cero (salvo la esfera familiar, por cierto, pero sabemos que en casa somos nosotros mismos, a diferencia de los roles sociales). El automóvil es una especie de extensión de la casa (o del cuerpo) en el que estamos a resguardo de los demás; el trabajo de oficina permite interactuar muy poco y pasar gran parte de la jornada frente al PC; en mi caso no veo televisión ni leo los diarios, por lo que he ido experimentando una lejanía cada vez mayor con mi entorno y sus preocupaciones. Quizá la única instancia para oír sus conversaciones sea el ascensor a la hora de almuerzo.


Señalo todo esto a propósito de que hace un par de días, y después de mucho tiempo, volví a viajar en nuestro maravilloso "transporte público". Usé la "tarjeta bip" (¿será una humorada por lo del correcaminos?), y me subí al metro. Un par de estaciones en la línea dos, luego trasbordo, y otro par en la línea uno. Eso bastó para tomar conciencia de mis niveles de enajenación respecto del día a día de mis conciudadanos (creo que aquí el término está empleado en su acepción primigenia). ¿Cómo describir la experiencia vivida?, una experiencia de manada, casi literalmente de ganado. El metro lleno a reventar, las conversaciones banales de siempre (el partido de Chile, la enfermedad de Daniela Campos, el frío)... Ingenuamente había pensado leer durante el viaje, pero la sola tarea de conservar la posesión de mi bolso implicó esfuerzos físicos considerables.


Lo increíble, dado mi desprecio por el "hombre medio" de nuestros días (sentimiento que no me enorgullece, pero que tampoco niego), es que adhiero a una cosmovisión según la cual existe un ser infinitamente superior que ama a esas criaturas. Yo me considero poco amable, pero a lo menos capaz der usar la sesera... amar a la gente del metro debe ser realmente algo "de otro mundo".



viernes, 1 de julio de 2011

PALABRAS SABIAS I

Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.
Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios.

Juan Millalonco Díaz.-

sábado, 25 de junio de 2011

DETRÁS DE LA CORTINA (otro proyecto de cuento)

Este es un esbozo de cuento que escribí hace ya unos doce o trece años. Lo encontré en el baúl de los recuerdos. Las influencias son evidentes para cualquier lector medianamente informado. Lo transcribo como un manifiesto de mis aspiraciones literarias de adolescente.

"Era una calle sucia, oscura. El microbus avanzaba lento, cansado, como en un sueño, por la calzada angosta, rodeada de tierra, de antiguas canchas de fútbol que el tiempo había convertido en basurales: de sitios baldíos, de edificios abandonados que parecían verdaderos laberintos, húmedos, misteriosos, oliendo a muerte, a gritos ahogados, a vagabundos.
Renato apegó la cabeza a la ventanilla para ver mejor la noche. Al fijarse luego en la vieja cortina que tenía cerca, la usó para esconderse entre ella y la ventana, y asistir así de lleno al espectáculo somnífero y decadente que desfilaba ante sus ojos. Había en todo ello una atmósfera extraña, la noche estaba más oscura que de costumbre y sin embargo las siluetas de las casas a lo lejos tenían como un brillo de luna, un pequeño reflejo de cuya existencia Renato hubiera dudado si su conciencia no estuviera abandonándolo a causa del sueño, del ronronear constante del motor del microbús, del calor de su abrigo en el que se hundía cada vez un poco más.
En un momento la vida flotaba, sentía en su mirada y el paisaje nocturno una breve vibración que coincidía con la caricia suave de la ventanilla en su rostro. Sentía cómo el sueño entraba en él, arrastrándolo para que se deslizara por sus resbalines misteriosos. Quiso retener por un instante la conciencia de lo que acontecía, protegido así como estaba del mundo de fuera y el de dentro. Ese intersticio había sido siempre su rincón conocido. Cuando niño miraba la noche desde su ventana, oculto a sus padres por la gran cortina azul. Se sentía ahí en una zona fronteriza entre la seguridad de su cuarto y el peligro del mundo...
Al llegar al viejo teatro vio los autos de Ledezma y de Patricia. Se estacionó junto a Ledezma, no supo bien porqué. Cuando entró todo estaba preparado. Sobre el escenario habían puesto cuatro mesas, y el viejo piano del rincón había sido habilitado como bar. Todo le resultaba muy familiar y cotidiano, y la única evidencia de que había entrado en un sueño era que sobre la mirada amistosa de Clara que se acercaba a saludarlo, veía aún las siluetas iluminadas de unas casas que se movían en la oscuridad.
Era una sensación nueva y un poco sedante. Ver a Clara acercándose, mientras unas casas lejanas y superpuestas retrocedían lentamente en una calle oscura. En algún momento alcanzó a sentir que todo aquello era un sueño. Fue justo antes de sentarse a la mesa..."

R-68 (Retazos que me han hecho feliz)

"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, redumplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas filulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! . Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."

¿Será necesario agregar algo? Tal vez solo aclarar que casi todo el material poco inteligente que pretende "analizar" Rayuela, yerra medio a medio en lo que fue el principal interés de Cortázar al escribir. Digamos que hay un desface ontológico entre la situación de Julio Florencio escribiendo y la del lector de corte académico que no sabe lo que es saltar al vacío en la vida o vivir a la intemperie de la normalidad. Algo similar ocurre con los "analistas" de Roberto Bolaño... Nada nuevo en todo caso, espíritus excepcionales están destinados a la incomprensión de la mayoría y la idolatría de unos pocos (que tampoco les comprenden pero les alimentan el ego).
Juan Millalonco Díaz.-



La cultura de la inmediatez

Revisando el blog de una amiga, me percaté que, pese a que sus aportes se han mantenido constantes ya por varios años, (y como suele suceder con las tareas que nos empeñamos en desarrollar, han ido mejorando en calidad), ya casi nadie comenta lo que escribe.  Pareciera que los blogs eran el último bastión de la cultura antigua (previa a internet). Pese a formar parte de "la red", requieren tiempo para escribir (con las condiciones propias de esta actividad, como tranquilidad, silencio, concentración, reflexión, etc), y tiempo para leer. Hace algunos años observaba incluso un ejercicio dialéctico, en el que alguien planteaba una tesis y los demás opinaban al respecto. Haciendo un pequeño periplo cibernético observo que todo esto va en extinción, salvo las pequeñas y admirables excepciones, como siempre (aún existen niños  a los que hay que apagar la luz para que no sigan leyendo, me consta).
Pareciera que se impone una cultura de carácter audiovisual, y las reflexiones se limitan a comentarios de no más de 140 caracteres, como en twitter. Lo que se observa por todas partes, más que "capacidad de síntesis", es un empobrecimiento de la capacidad reflexiva, meros exabruptos convertidos en "opinión". ¿Quién se encierra años hoy a escribir un "Quijote de la Mancha"?...
Se acusará esta postura de apocalíptica... Me encantaría que lo hicieran personas que hayan leído el libro de Humberto Eco... Pero ya se nos instaló la cultura de la inmediatez. Nos queda el consuelo a los lectores de estarnos convirtiendo en un bien exótico en el mercado de las amistades y el trabajo...
:-) Salut!    
                                                                                                                                               



Juan Millalonco Díaz.-

viernes, 24 de junio de 2011

VIERNES EN LA TARDE

Dada la forma de vida que nos hemos creado, esta segunda naturaleza llamada "cultura", "civilización", hay momentos que han adquirido un cariz propio. Uno de los preferidos de todos quienes debemos trabajar para sobrevivir son los "viernes en la tarde". Quede dicho solo eso en esta oportunidad (en aras del tiempo). Ya nos explayaremos debidamente sobre el punto (justamente porque hoy es un viernes en la tarde y no dispongo de tiempo para el blog).

Juan  Millalonco Díaz.-

jueves, 23 de junio de 2011

RELATO DE LA EDAD MEDIA.

Esto fue escrito una tarde templada en una mesa al fondo del café "Sveckova", en el Patio Providencia, cuando corrían seis días del mes de octubre del año dos mil nueve de nuestro Señor.

"A ratos me siento sobrepasado... hay tanto que contar!. Pero ¿cómo hacerlo? Termino siempre recurriendo a frases sintéticas del tipo: "Epifanía en el metro, entre el golf y Tobalaba, viendo unos ojos verdes y oyendo a Fito Páez". Y claro, puede sonar bien y es cierto, pero poco explica sobre el contenido específico (y casi irreproducible, pero el "casi" me da esperanza) de aquel aletazo existencial extraño al que llamo epifanía. Por estos días ha habido una especie de "saturación". Ayer me llegó una invitación a un centro de estudios, para asistir a cuatro ponencias (con cafecito y derecho a intervención incluidos) que versan sobre un tema y un autor. Por ejemplo: "Patología y normalidad en Dostoievsky". Los cuatro temas y autores son exactamente los que yo hubiese elegido en caso de... (Como en el siete de rayuela). Hoy recorro Providencia buscando conocer un poco más esta ciudad y me encuentro primero con un par de librerías de viejo escondidas y maravillosas, donde habita el silencio, y el olor de los libros (esos viejos sabios) inunda el ambiente. Luego entro en una biblioteca pública y lo que veo parece un set montado para observar mis reacciones, al estilo "Truman Show": espacios amplios, personas de todas las edades leyendo en el más respetuoso silencio, mucha gente joven y hermosa, muchachas esculpidas sumergidas en Proust, en Carver... Continúo mi periplo urbano y me hallo con cafecitos y rincones a cada paso, olor a café, a libros. Muy cerca llego a este pequeño patio público donde conviven añosos árboles, tiendas de libros y antigüedades, restaurantes y cafés. Estoy sentado en el último, hace unos veinte minutos, escribiendo. En ningún momento ha cesado Miles Davis, la temperatura ambiente debe bordear los veinte grados. Mañana es la primera charla, el sábado comienzo mi taller literario. Como si lo anterior no bastara, me llama una autoridad de gobierno para ofrecerme un empleo interesante... Como gozo de buena memoria, no puedo evitar sonreir... Salut!"

Juan Millalonco Díaz.

miércoles, 22 de junio de 2011

Tardes extrañas

El frío arrecia en la capital (de Chile, hay que aclarar en estos tiempos "globalizados"). De pronto me escapo de mis rutinas habituales, y me interno en parajes tan distintos al capitalino, con su tráfago humano y el ruido que todo lo inunda. No voy lejos, apenas un par de horas hacia el sur por la carretera y, sin embargo, eso basta para sentirme en otro mundo. "Un mundo más profundo y más viejo". Almuerzo en uno de esos restaurantes campestres tan propios de la zona centro de nuestro anoréxico país, soy el único cliente a estas horas y con este tiempo, y mientras observo el campo en silencio, sintiendo apenas el sonido de unas gallinas a lo lejos, me embarga ese vértigo existencial, especie de orgasmo ontológico que por sí solo bastaría para justificar mi accidentado paso por este circo. Ay nostalgia!... Si pudiera pintarte con colores para que todos te vieran...


Juan Millalonco

martes, 21 de junio de 2011

Lecturas varias...

Ha pasado tiempo desde mis últimos posteos. Estrella distante quedó a medio leer y sin ninguna frase que ameritara citarla. Por estos días avanzo con dificultad en 1Q84 de Murakami, "Sin destino" de Imré Kertesz, y media docena más de textos que van desde la filosofía política a la Historia de México, pasando por la biografía de Karadima, Couching, y otras hierbas. Con dificultad avanzo por este ritmo capitalino que apenas deja un rato para "abrocharse una estrella en la frente", como dijera Traveler en un remoto libro que alguna vez leí. Acompañaré los párrafos que correspondan de Murakami y Kertész. Santiago está helado, y si mi vida no consistiese por estos días en una carrera frenética entre viajes, reuniones, informes, y todo aquello de lo que un adolescente lejano se reía, consideraría seriamente salir a caminar por la costanera dejando que la nostalgia (esa bella sensación de felicidad que me ha acompañado siempre) me embargara...
Ya habrá tiempo, eso espero.
Por ahora intentaré hacerme un espacio para la modesta tarea de mantener un blog.
Como dijo Benedetti: He llegado a viejo y el destino era esto... en su mejor momento una nostalgia, en su peor momento un desamparo.

Juan Millalonco.-

domingo, 8 de febrero de 2009

La casa de Dostoievsky

"En cualquier caso, dicen que los billetes de a cien dólares le sirvieron para llegar desde Roma, donde había vivido gratis en casa de Arbeláez, hasta París, y para hospedarse en un hotel de mala muerte en la rue des Carmes, hacia el final del barrio latino, en los faldeos de la montaña de Santa Genoveva. Ahí compraba libros de segunda mano en pequeñas librerías que tenían sus cajas de saldos colocadas en la calle, obras de Alain Fournier, de Charles Nodier, de Marcel Schwob, incluso de Stéphane Mallarmé; veía películas antiguas en una sala de cine barata, de una estrechez extravagante, filmes de Murnau, de Von Sternberg, de Marcel Carné, sin excluir a Carlitos Chaplín, a Buster Keaton, ocasionalmente a John Ford y hasta Orson Welles, y se alimentaba en los cafés del barrio de pizzas o de baguettes con mantequilla, con uno que otro pepinillo, con una lonja de jamón cuando quería darse un verdadero lujo. Cosa curiosa, en París, en el corazón del París bohemio e intelectual, se propuso suprimir el vino, que no sabía medir y que empezaba a producirles resacas monumentales, y lo consiguió sin demasiado esfuerzo. Y una mañana, parece, descubrió que el Poeta Oficial, Nerón Neruda, caminaba por la vereda del frente, en una de las calles de subida a la Montaña de Santa Genoveva, en compañía de dos o tres acólitos, y apuró el paso, con intensas palpitaciones de su corazón, para no tener que saludarlo. Después se lo contó a un pintor chileno de apellido Moncada y se rieron mucho con la anécdota: el poeta que evitaba al otro poeta, al consagrado, al vaca sagrada, a toda costa, y hasta con riesgo de su vida, es decir, de su vida poética y biológica."
La casa de Dostoievsky. Jorge Edwards. Primera edición. Editorial Planeta-Casamérica. Pág. 124.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La broma

"La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden sólo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para inmaduros; un escenario para el jovencito Nerón, un escenario para el jovencito Napoleón, un escenario para masas fanatizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastróficamente real".
La broma. Milán Kundera. Sexta edición. Editorial Seix Barral. Página 100

"La gente suele ser esclava de las ordenanzas. Alguien les ha dicho que deben ser de tal o cual manera y ellos tratan de ser así y jamás llegan a saber quiénes eran y quiénes son. Al final ya no son nadie ni nada, actúan de una forma ambigua, oscura, confusa. El hombre debe tener ante todo el valor de ser él mismo".
Id. Página 201.

"Yo solía decir para mis adentros, con cierta satisfacción, que Lucie era para mí algo abstracto, una leyenda y un mito, pero ahora comprendía que tras estos términos poéticos se ocultaba una realidad nada poética: que no la conocía; que no la había conocido tal como era, como era en sí misma y para sí misma. No había percibido (en mi egocentrismo juvenil) nada más que aquellos aspectos de su ser que se orientaban directamente hacia mí (hacia mi abandono, hacia mi falta de libertad, hacia mi ansia de ternura y de amabilidad); no había sido para mí más que una función de mi propia situación vital; todo aquello en lo que iba más allá de esta situación vital, todo aquello en lo que era ella misma, se me escapaba."
Id. Página 261.-

miércoles, 28 de enero de 2009

Middlesex


"Ya no había tiempo. Cuando el coche caía, Milton sólo pudo quedarse perplejo por el giro que habían tomado los acontecimientos. Se había pasado la vida sermoneando a todo el mundo sobre la forma de hacer las cosas bien, y ahora él había hecho aquello, la cosa más estúpida que jamás se le hubiera ocurrido a nadie. Apenas podía creer que hubiese estropeado las cosas hasta tal punto. Sus últimas palabras, por tanto, fueron dichas suavemente, sin ira ni miedo, sólo con asombro y una pizca de coraje. "Cabeza de chorlito", dijo Milton, para sus adentros, en su último Cadillac. Y luego el río lo reclamó"
Middlesex. Jeffrey Eugenides. Edit. Anagrama. Página 650

"Pensé en el hecho asombroso de que el mundo contuviera tantas vidas. En aquellas calles, la gente se veía envuelta en mil asuntos, problemas de dinero, problemas amorosos, problemas con los estudios. Había quienes se enamoraban, se casaban, iban a rehabilitación de alguna drogodependencia, aprendían a patinar sobre hielo, se habituaban a llevar bifocales, estudiaban para los exámenes, se probaban ropa, se cortaban el pelo. Nacían niños. Y en algunas casas había personas que envejecían, enfermaban y morían, dejando que otros llorasen su muerte. Eso pasaba de continuo, inadvertidamente, y eso era lo que realmente importaba. Lo que verdaderamente tenía importancia en la vida, lo que le daba peso específico, era la muerte. Vista de ese modo, mi metamorfosis era un acontecimiento de escasa significación. Sólo al chulo de antes le habría interesado. "
Idem, página 659.

lunes, 26 de enero de 2009

Cartas. Julio Cortázar




"... es ya tarde. Tarde para retornar a un pasado lleno de cosas hermosas; es tarde para volver a ser como antes, encontrar los mismos afectos y las mismas esperanzas. Hay, en todo esto, una ciega crueldad que no me importa analizar. Me he vuelto harto escéptico acerca de valores que antaño se me antojaban inconmovibles; el concepto de la amistad es uno de esos valores que ha perdido para mí gran parte de su sentido. ¿Qué fuerza genuina hay en la amistad, si basta distanciarse, enfrentar problemas distintos durante cierto tiempo, para que todo lo que antes mantenía vivo el afecto se enfríe y se desnaturalice? En suma, la amistad es un inmenso egoísmo: se tiene un amigo mientras ese amigo refleja los mismos problemas que lo afectan a uno; mientras es una especie de espejo complaciente. Pero cuando el amigo se aleja, recobra su individualidad, se torna verdaderamente otro, entonces, precisamente cuando la amistad debería cumplir todo su sentido, es cuando se derrumba, y se reduce a una fría relación que espanta y que, en suma, es mejor romper y terminar..."

Extracto de carta escrita por Cortázar con fecha 14 de Octubre de 1939 a Mercedes Arias, desde Chivilcoy. En "Cartas", volumen 1, página 58.-

El gran Gatsby

"En mi más temprana edad, alguna vez mi padre me dio un consejo que desde entonces hago dar vueltas en mi mente.
- Cuando sientas deseos de criticar a alguien -me dijo-, recuerda tan sólo que no todos en el mundo tuvieron las ventajas que has tenido tú.
No agregó nada más, pero como siempre hemos sido comunicativos de una manera poco habitual, reservadamente, comprendí que quería decir mucho más que eso.
De aquí que tienda a reservar mis opiniones, costumbre que ha permitido que se explayaran conmigo algunos espíritus interesantes y que a la vez me ha hecho víctima de no pocos fastidiosos de reconocida fama. Las mentalidades anormales descubren con rapidez esta cualidad en otros y se aficionan a ella cuando se presenta en una persona normal; por eso en el colegio se me acusaba injustamente de ser político, porque conocía en forma privada las preocupaciones secretas de hombres reservados y extravagantes. La mayoría de estas confidencias eran involuntarias de mi parte; a veces hasta he fingido tener sueño, estar preocupado o ser de una ligereza hostil, cuando advertía, gracias a alguna señal inequívoca, que una confidencia íntima asomaba en el horizonte; porque las confidencias íntimas de los jóvenes, o a lo menos los términos en que las expresan, son por lo general plagios, o se hallan desfiguradas por omisiones evidentes. Reservarse el juicio es fuente de infinitas esperanzas. Aún siento un poco el temor de perder algo si llego a olvidar -como mi padre presuntuosamente me sugería, y como repito presuntuosamente- que el sentido de los recatos fundamentales se distribuye desigualmente desde la cuna."
El gran Gatsby. Francis Scott Fitzgerald. Página 1. http://www.lecturalia.com/libro/18390/el-gran-gatsby

domingo, 25 de enero de 2009

¿Cuántos eran políticos?

"En una cierta comunidad mítica, los políticos siempre mienten y los no políticos siempre dicen la verdad. Un extranjero se encuentra con tres nativos y pregunta al primero de ellos si es un político. Este responde la pregunta. El segundo nativo informa, entonces, que el primer nativo negó ser un político. Pero el tercer nativo afirma que el primer nativo es realmente un político. ¿Cuántos de estos tres nativos eran políticos?"
(Introducción a la lógica. Irving M. Copi. Pág.29).

Kafka en la orilla




"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y eso se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo.Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillos se tratase. Muchas personas han derramado ahí su sangre y tú asimismo, derramarás ahí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y también la sangre de los demás.Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No!, ni siquiera estarás seguro que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella."




Kafka en la orilla. Haruki Murakami. Tusquets editores.
http://www.lecturalia.com/libro/1603/kafka-en-la-orilla

Tokio Blues




"...me fui a shinjuku y deambulé por el barrio para matar el tiempo. Las calles atestadas en domingo me sosegaron. Compré Luz de agosto, de Faulkner, en la librería Kinokuniya, llena como un tren en hora punta, entré en el jazz café más ruidoso que encontré y escuché a Ornette Coleman y Bud Powell mientras tomaba una taza de café amargo y leía el libro que acababa de comprar. A las cinco y media cerré el libro, salí a la calle, tomé una cena ligera. "¿Cuántas decenas, no, centenares de domingos como éste me quedan por vivir?", me pregunté. "Domingos tranquilos, apacibles y solitarios", dije en voz alta. Los domingos no me doy cuerda."



(Tokio blues. Haruki Murakami. Tusquets editores, pág. 265).
http://www.lecturalia.com/libro/1599/tokio-blues

“Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida
El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado
Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?
Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas”.
Poema "El doliente", Oscar Hahn. En "Apariciones profanas", pág. 21 Ediciones LOM

Proyecto de Cuento

Por Juan Millalonco
Estoy sentado en una mesa del Lisboa, viendo llover tras los cristales. Froto mis manos sobre las velas, porque el frío arrecia. Me noto aún algo agitado por el suceso, por el extrañísimo hecho de haber visto después de tantos años a la mismísima Lina, la Kóserack, saliendo por la puerta de este recóndito lugar. Recuerdo que pensé en lo sorpresivo de verla nuevamente en Chile, en este “paisito de segunda” al que había jurado no regresar. (Pero eso fue más tarde, primero hubo un golpe, un nudo en el estómago. Una pulsión tan extraña que incluía el deseo de correr a saludarla y a la vez de esconderme, de no estorbar su existencia). Después, no pude evitar pensar en lo extraño que, de todos los rincones de esta gran ciudad desordenada, haya venido precisamente a éste, y se haya ido en el momento exacto para que yo alcanzara a verla un par de segundos antes que la devorara la negra noche.
(Una vez más el azar, Lina, tirándome un jarro de agua en el rostro, haciéndonos coincidir en el tiempo y el espacio. Sólo que esta vez como perfectos desconocidos, y con un pequeño interludio de veinticinco años desde aquellos míticos días en que todo parecía hermoso y nuevo, en que la vida comenzaba y teníamos pasaporte para soñar).
¡Oh, Misterioso tiempo!, mundo azaroso.
Pero la vida es así. Para sentirnos seguros, tratamos de ordenar el caos. Inventamos leyes, fabricamos teorías… mas basta un pequeño pliegue en el devenir de las cosas para recordarnos cuánto dependemos del azar. Y esto es cierto, no sólo en cuanto al encuentro de hace un rato con Lina, sino hasta en lo más esencial, ya que nuestra propia existencia (la tuya lector, la mía, la de cualquiera) es una posibilidad remota en las matemáticas del universo. Un dios solitario podría tirar los dados eternamente, sin que en ninguno de los mundos posibles llegase a existir alguno de nosotros. ¿Te acordarás, Lina, que alguna vez desgranamos largamente esta idea?. Eso fue en los primeros tiempos. “Al principio de los principios”, como te gustaba decir. Meditamos en todos los factores que debían comparecer y mezclarse en un equilibrio exacto para que cualquiera de nosotros llegase a ser. Tú, como siempre aficionada a los datos duros, hiciste el cálculo y dijiste que bastaba retroceder diez generaciones para que nuestra historia dependiera de un ejército de más de mil abuelos y abuelas remotas. Si tan sólo uno de ellos hubiese fallado en las noche decisiva… Extraño pensarlo, pero un movimiento telúrico, una visita inoportuna, tal vez el mero cansancio, hubiese bastado para que esto que parece tan real, el cafecito, Lester Young sonando en el Lisboa, la lluvia tras los cristales, la vida, no hubiese existido. ¿Te acordarás a veces, Lina?..


Juan Millalonco

Hijo de ladrón

(Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor en seguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes. Si eliges el primer camino, si saltas, gritas, ríes, corres o luchas todo terminará pronto: la herida, al hacerse más grande de lo que puedes soportar, te convertirá en algo que sólo necesitará ser sepultado y que exasperado por la imposibilidad de hacerlo como querías, preferiste terminar, y esto no significará, de ningún modo, heroísmo; significará que tenías una herida, que ella pudo más que tú y que le cediste el sitio. Si eliges el segundo camino, continuarás existiendo, nadie sabe por cuánto tiempo: renunciarás a los movimientos marciales y a las alegrías exageradas y vivirás, como un sirviente, alrededor de tu herida, cuidando que no sangre, que no se abra, que no se descomponga, y esto, amigo mío, significará que tienes un enorme deseo de vivir y que, impedido de hacerlo como deseas, aceptas hacerlo como puedas, sin que ello deba llamarse, óyelo bien, cobardía así como si elegiste el primer camino nada podrá hacer suponer que fuiste un héroe: resistir es tan cobarde o tan heroico como renunciar. Por lo demás, las heridas no son eternas, y mejoran o acaban con uno, y puede suceder que después de vivir años con una, sientas de pronto que ha cicatrizado y que puedes hacer lo que todo hombre sano hace, como puede ocurrir, también, que concluya contigo, ya que una herida es una herida y puede matar de dos maneras: por ella misma o abriendo en tu cerebro otra, que atacará, sin que te enteres, tu resistencia para vivir; tú tienes una herida, supongamos, en un pulmón, en el duodeno en el recto o en el corazón, y quieres vivir y resistes, no te doblegas, aprietas los dientes, lloras, pero no cedes y sigues, aunque sea de rodillas, aun arrastrándote, llenando el mundo de lamentaciones y blasfemias; pero un día sientes que ya no puedes resistir; que tus nervios se sueltan, que tus rodillas y tus piernas no te soportan y se doblegan: caes entonces, te entregas y la herida te absorbe. Es el fin: una herida se ha juntado a la otra y tú, que apenas podías aguantar una, no puedas con las dos. (...)
Pero imagínate que no tienes ni la primera ni la segunda herida de que te he hablado, sino otra, una con la que puedes nacer, o que puede aparecer en el curso de tu existencia, en la infancia, en la adolescencia o en la adultez, espontáneamente o provocada por la vida. Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado, sin que podamos descartar la posibilidad de que desde el principio sea grande y te impida hablar o caminar, pongamos por caso, todo ello sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser un conventillo, una casa o un palacio. Podrá o no haber, a tu alrededor, gente que se interese o no se interese por ti y que quiera o no quiera ayudarte; si la hay y se interesa y quiere, podrás llegar a ser conservado, excepto si tu herida, esa herida que ni tu ni nadie puede ubicar, pues está en todas partes y en ninguna: en los nervios, en el cerebro, en los músculos, en los huesos, en la sangre, en los tejidos, en los líquidos y elementos que te recorren; excepto si tu herida, digo, puede con todo y con todos: con la medicina, con la educación, padres, profesores, con tus amigos, si es que llegas a tener todo eso, pues hay innumerables seres humanos que no tienen ni han tenido medicina, educación, padres, profesores ni amigos, sin que nadie parezca darse cuenta alguna de ello ni le atribuya importancia alguna en un mundo en que la iniciativa personal es lo único que vale , sea iniciativa de la clase que sea, siempre que deje en paz la iniciativa de los otros sea esta de la índole que sea. Si la herida puede con todo y con todos y sus efectos no se disminuyen sino que se mantienen y aumentan con el tiempo, no habrá salvación alguna para ti; salvación no sólo en cuanto tu alma, que estará perdida y que en todo caso es de segunda importancia en el mundo en que vivimos, sino en cuanto todo tú; y ya podrás tener, en latencia, todas las virtudes y gracias que un hombre y un espíritu pueden reunir; no te servirán de nada y todo en ti será frustrado: el amor, el arte, la fortuna, la inteligencia. La herida se extenderá a todo ello. Si tu gente tiene dinero llevarás una vida de acuerdo con el dinero que tiene; si tu gente es pobre o no tienes familia, mas te valiera infeliz, no haber nacido y harías bien, si tienes padres, en escupirles la cara aunque es más que seguro que ya habrás hecho algo peor que eso. Puede suceder que la herida aparezca en tu adultez, espontáneamente, como ya te dije o provocada por la vida, por una repetición mecánica, supongamos: el ir y venir durante decenios, de tu casa al trabajo, del trabajo a tu casa, etcétera, etcétera, o al hacer día tras día a máquina o a mano, la misma faena: apretar la misma tuerca si eres obrero, lavar los mismos vidrios si eres mozo, o redactar o copiar el mismo oficio, la misma carta o la misma factura si eres oficinista. Empezará, a veces, con mucho disimulo, (...) No le haces caso al principio, aunque sientes que el camino entre tu casa y la oficina o taller es cada día más largo y más pesado; que los tranvías van cada vez más llenos de gente y que los autobuses son más incómodos que antes, (...) y por otra parte notas que tu mujer ha envejecido y rezonga demasiado y tus hijos te molestan cada día más: gritan, pelean, discuten por idioteces, rompen los muebles ensucian los muros, piden dinero, llegan tarde a comer y no estudian lo suficiente. ¿Qué pasa? La herida se ha abierto, ha aparecido y podrá desaparecer o permanecer y prosperar; si desaparece será llamada cansancio o neurastenia; si permanece y prospera, tendrá otros nombres y podrá llevarte al desorden o al vicio; al alcoholismo, por ejemplo, al juego, a las mujerzuelas o al suicidio. (...) Pero tú, amigo mío, eres sano, has sido creado como una vara de mimbre, elástica y firme, o como una de acero, flexible y compacta; no hay fallas en ti, no hay heridas ni aparentes ni ocultas, y todas tus fuerzas, tus facultades, tus virtudes están intactas y se desarrollarán a su debido tiempo o se han desarrollado ya, y si alguna vez piensas en el porvenir y sientes temor, ese temor no tiene sino el fundamento que tienen todos los temores que experimentan los seres humanos que miran hacia el porvenir: la muerte; pero nadie se muere la víspera y el día llegará para todos y, hagas lo que hicieres también para ti.
Hijo de ladrón. Manuel Rojas. Parte dos, capítulo II (Extractos).