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miércoles, 18 de julio de 2012

1Q84 (Haruki Murakami)


Terminé en un reciente viaje al norte el libro 3 de "1Q84", la última novela de Murakami. Sentimientos encontrados. Claramente no es la mejor novela de Haruki (sigue ocupando ese lugar la "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" y la primera mitad de "Kafka en la orilla").El proyecto es ambicioso y a ratos logrado, pero termina, sobre todo en el libro 3, bastante parecido a un super-ventas estilo Stieg Larsson. Con todo, Haruki sigue siendo uno de aquellos escritores que vale la pena conocer. Agregaré al azar algunos de los muchos párrafos subrayados (son 1.151 páginas en total), citas que nada dicen de la trama pero pueden generar algún interés por el libro.

"Yo no hago esto por dinero. Lo que deseo es burlarme de los círculos literarios. Quiero troncharme de risa de esa banda que no sabe más que reunirse en sótanos lúgubres y farfullar tonterías sobre la misión de la literatura, mientras se hacen la pelota, se lamen las heridas y se hacen la zancadilla los unos a los otros. Voy a burlarme del sistema y ridiculizarlo por completo. ¿No te parece divertido?" (p. 42).

"Las matemáticas son como una corriente de agua. Existen diversas teorías complicadas, es cierto, pero la lógica básica es muy sencilla. De igual modo que el agua fluye desde un lugar elevado hacia otro más bajo tomando la distancia más corta, sólo hay una corriente matemática. Al observar con atención, el curso se hace visible por sí solo. Basta con que mires fijamente. No tienes que hacer nada más. Si te concentras y aguzas la vista, todo se aclara. En este mundo no hay nada, salvo las matemáticas, que me trate con tanta amabilidad...

... La vida real es diferente a las matemáticas. En ella, las cosas no siempre toman el camino más corto...


... Cuando escribo sustituyo mediante las palabras la realidad que me rodea por algo que encuentro más natural. Es decir, reconstruyo. De ese modo confirmo que existo, sin duda, en este mundo. Se trata de una operación completamente diferente a cuando estoy en el mundo de las matemáticas." (p. 69).

"Tras despedirse de Komatsu... entró en una librería... se compró varios libros y comenzó a leerlos en un bar cercano, mientras se tomaba una cerveza. No había nada más relajante que aquello: comprar varias novedades en una librería, entrar en algún bar de la zona y pasar las páginas con una bebida en la mano." (p. 230).

"Entonces se fueron juntos de la comunidad y se adentraron en el mundo real. Sin embargo, por lo que... pudo comprobar, parecía que todavía no se habían adaptado al nuevo mundo. Por el hecho de haber sido criados en una comunidad cerrada desde pequeños, les costaba entender y aceptar las normas de un mundo más abierto. Muchas veces carecían de la suficiente confianza en sí mismos para tomar una decisión y se sentían perdidos. Al mismo tiempo que saboreaban la sensación de libertad por haber renunciado a su fe, acarreaban con la duda de si no habrían tomado una decisión errada". (p. 452).

"Porque él  a ellos no los quería. Eran guapos, sacaban muy buenas notas, se les daban bien todos los deportes, tenían un sinfín de amigos. Pero a ojos de Ushikawa, eran superficiales en todos los sentidos. Simples en su forma de pensar, estrechos de miras, carentes de imaginación; sólo se preocupaban por el qué dirán. Sobre todo, les faltaba esa sana suspicacia necesaria para alcanzar cierta sabiduría". (p. 176. Libro III).

"Mejor no pensar demasiado", se dijo Ushikawa. "Engrosaré  mi piel, endureceré la cáscara de mi corazón e iré acumulando días ordenadamente, uno tras otro. No soy más que una máquina. Una máquina capaz, paciente e insensible. Por un extremo absorbe nuevo tiempo, lo convierte en tiempo viejo y lo expulsa por otro. La única razón de ser de esa máquina es su propia existencia". (p. 226. Libro III).

"No tenía ni idea de cuál era el siguiente paso. Una vez ascendidas las escaleras de emergencia, su papel había concluido. Había consumido demasiada energía como para ahora ponerse a pensar y decidir qué debían hacer. No quedaba ni una gota de combustible en su interior. La única solución era dejarlo todo en manos de otra fuerza.

"Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Perdona nuestras ofensas y bendice nuestro humilde caminar, Amén". (p. 409. Libro III).

Juan Millalonco.-



sábado, 29 de octubre de 2011

Panoramas teatreros (2) "The Pillowman"

Entré a ver esta obra hace un par de semanas, desconfiando del título y solo para cumplir un compromiso asumido previamente. Luego de las dos horas que dura la función, con intermedio incluido, solo puedo exclamar: "Excelente, excelente, excelente". Dentro del panorama teatral que se ofrece en Santiago por estos días (donde hay obras notables, como "Art"), me parece de un nivel claramente superior al resto.

La presentación en la página del teatro (Lastarria 90), es la siguiente:

Obra del inglés Martin McDonagh, que se se ha realizado con rotundo éxito en Londres, Nueva York, Buenos Aires, Lima, México, Seúl y Tokio. Además de recibir el premio Olivier a “Mejor Obra” y el New York Drama Circle`s Award a “Mejor Obra Extranjera”
Pillowman es una de las comedias negras contemporáneas más aplaudidas en los escenarios del mundo. La historia transcurre en un lugar de Europa, tejida por dos policias; narra la historia de un escritor, que conjuga cuentos infantiles con cuentos de horror, su hermano con discapacidad mental y niños que pueblan y trascienden la ficción.


En honor a la verdad, la descripción se queda bastante corta. Por mi parte, solo me limito a recomendar rotundamente la obra. Dejémosla en la categoría 5 estrellas. :-) 

lunes, 3 de octubre de 2011

Lo que quisiste ser... (Rodríguez Dixit)


¿Qué necesita un ser humano
para no apartarse de sí?
¿A qué distancia está mi mano
de la gente que conocí...
que le ha faltado a la verdad
para quererla disfrazar?
¿Por qué un bufón llena el lugar
donde hubo un sitio para amar?
¿Por qué fingimos confusión
hasta acabar con la razón?
En fin, no sé como decir
que todo ha vuelto a ser normal
sólo sí sé que no eres ya
lo que quisiste ser.

Cuando mis ojos se hacen aire
con tristeza pienso en el mar
porque mi tiempo es la distancia
recorrida para olvidar
y veo un dibujo del amor
saltando a un cielo sin color
buscando un mundo por rastrear
y una ansiedad, y otra ansiedad,
río del mar hecho a creyón
por quien aprende a dibujar
en fin no sé como decir
que se ha arruinado la canción
sólo sí sé que no eres ya
lo que quisiste ser.

Veo tus brazos que han llevado
mil adornos sobre su piel
y han olvidado hasta que fueron
una historia de amanecer,
y tu en función de relucir
dejas la magia humana y vas
a interpretar otro papel
fingiendo para diferir.
No sé si es desesperación
o humilde ya resignación
en fin no sé como llamar
a esa versión de un pavoreal.
Sólo sí sé que no eres ya
lo que quisiste ser.



viernes, 8 de julio de 2011

La reflexión cotidiana...el metro y el amor divino...



Me apropio del título de don Humberto Giannini para contar lo de anteayer… Ocurre que viviendo en una ciudad como Santiago de Chile, con el tipo de rutinas que impone el medio, y algunas otras autoimpuestas, pasan largas temporadas en que mi interacción con el entorno se reduce casi a cero (salvo la esfera familiar, por cierto, pero sabemos que en casa somos nosotros mismos, a diferencia de los roles sociales). El automóvil es una especie de extensión de la casa (o del cuerpo) en el que estamos a resguardo de los demás; el trabajo de oficina permite interactuar muy poco y pasar gran parte de la jornada frente al PC; en mi caso no veo televisión ni leo los diarios, por lo que he ido experimentando una lejanía cada vez mayor con mi entorno y sus preocupaciones. Quizá la única instancia para oír sus conversaciones sea el ascensor a la hora de almuerzo.


Señalo todo esto a propósito de que hace un par de días, y después de mucho tiempo, volví a viajar en nuestro maravilloso "transporte público". Usé la "tarjeta bip" (¿será una humorada por lo del correcaminos?), y me subí al metro. Un par de estaciones en la línea dos, luego trasbordo, y otro par en la línea uno. Eso bastó para tomar conciencia de mis niveles de enajenación respecto del día a día de mis conciudadanos (creo que aquí el término está empleado en su acepción primigenia). ¿Cómo describir la experiencia vivida?, una experiencia de manada, casi literalmente de ganado. El metro lleno a reventar, las conversaciones banales de siempre (el partido de Chile, la enfermedad de Daniela Campos, el frío)... Ingenuamente había pensado leer durante el viaje, pero la sola tarea de conservar la posesión de mi bolso implicó esfuerzos físicos considerables.


Lo increíble, dado mi desprecio por el "hombre medio" de nuestros días (sentimiento que no me enorgullece, pero que tampoco niego), es que adhiero a una cosmovisión según la cual existe un ser infinitamente superior que ama a esas criaturas. Yo me considero poco amable, pero a lo menos capaz der usar la sesera... amar a la gente del metro debe ser realmente algo "de otro mundo".



sábado, 25 de junio de 2011

R-68 (Retazos que me han hecho feliz)

"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, redumplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas filulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! . Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."

¿Será necesario agregar algo? Tal vez solo aclarar que casi todo el material poco inteligente que pretende "analizar" Rayuela, yerra medio a medio en lo que fue el principal interés de Cortázar al escribir. Digamos que hay un desface ontológico entre la situación de Julio Florencio escribiendo y la del lector de corte académico que no sabe lo que es saltar al vacío en la vida o vivir a la intemperie de la normalidad. Algo similar ocurre con los "analistas" de Roberto Bolaño... Nada nuevo en todo caso, espíritus excepcionales están destinados a la incomprensión de la mayoría y la idolatría de unos pocos (que tampoco les comprenden pero les alimentan el ego).
Juan Millalonco Díaz.-



La cultura de la inmediatez

Revisando el blog de una amiga, me percaté que, pese a que sus aportes se han mantenido constantes ya por varios años, (y como suele suceder con las tareas que nos empeñamos en desarrollar, han ido mejorando en calidad), ya casi nadie comenta lo que escribe.  Pareciera que los blogs eran el último bastión de la cultura antigua (previa a internet). Pese a formar parte de "la red", requieren tiempo para escribir (con las condiciones propias de esta actividad, como tranquilidad, silencio, concentración, reflexión, etc), y tiempo para leer. Hace algunos años observaba incluso un ejercicio dialéctico, en el que alguien planteaba una tesis y los demás opinaban al respecto. Haciendo un pequeño periplo cibernético observo que todo esto va en extinción, salvo las pequeñas y admirables excepciones, como siempre (aún existen niños  a los que hay que apagar la luz para que no sigan leyendo, me consta).
Pareciera que se impone una cultura de carácter audiovisual, y las reflexiones se limitan a comentarios de no más de 140 caracteres, como en twitter. Lo que se observa por todas partes, más que "capacidad de síntesis", es un empobrecimiento de la capacidad reflexiva, meros exabruptos convertidos en "opinión". ¿Quién se encierra años hoy a escribir un "Quijote de la Mancha"?...
Se acusará esta postura de apocalíptica... Me encantaría que lo hicieran personas que hayan leído el libro de Humberto Eco... Pero ya se nos instaló la cultura de la inmediatez. Nos queda el consuelo a los lectores de estarnos convirtiendo en un bien exótico en el mercado de las amistades y el trabajo...
:-) Salut!    
                                                                                                                                               



Juan Millalonco Díaz.-

viernes, 24 de junio de 2011

VIERNES EN LA TARDE

Dada la forma de vida que nos hemos creado, esta segunda naturaleza llamada "cultura", "civilización", hay momentos que han adquirido un cariz propio. Uno de los preferidos de todos quienes debemos trabajar para sobrevivir son los "viernes en la tarde". Quede dicho solo eso en esta oportunidad (en aras del tiempo). Ya nos explayaremos debidamente sobre el punto (justamente porque hoy es un viernes en la tarde y no dispongo de tiempo para el blog).

Juan  Millalonco Díaz.-

jueves, 23 de junio de 2011

RELATO DE LA EDAD MEDIA.

Esto fue escrito una tarde templada en una mesa al fondo del café "Sveckova", en el Patio Providencia, cuando corrían seis días del mes de octubre del año dos mil nueve de nuestro Señor.

"A ratos me siento sobrepasado... hay tanto que contar!. Pero ¿cómo hacerlo? Termino siempre recurriendo a frases sintéticas del tipo: "Epifanía en el metro, entre el golf y Tobalaba, viendo unos ojos verdes y oyendo a Fito Páez". Y claro, puede sonar bien y es cierto, pero poco explica sobre el contenido específico (y casi irreproducible, pero el "casi" me da esperanza) de aquel aletazo existencial extraño al que llamo epifanía. Por estos días ha habido una especie de "saturación". Ayer me llegó una invitación a un centro de estudios, para asistir a cuatro ponencias (con cafecito y derecho a intervención incluidos) que versan sobre un tema y un autor. Por ejemplo: "Patología y normalidad en Dostoievsky". Los cuatro temas y autores son exactamente los que yo hubiese elegido en caso de... (Como en el siete de rayuela). Hoy recorro Providencia buscando conocer un poco más esta ciudad y me encuentro primero con un par de librerías de viejo escondidas y maravillosas, donde habita el silencio, y el olor de los libros (esos viejos sabios) inunda el ambiente. Luego entro en una biblioteca pública y lo que veo parece un set montado para observar mis reacciones, al estilo "Truman Show": espacios amplios, personas de todas las edades leyendo en el más respetuoso silencio, mucha gente joven y hermosa, muchachas esculpidas sumergidas en Proust, en Carver... Continúo mi periplo urbano y me hallo con cafecitos y rincones a cada paso, olor a café, a libros. Muy cerca llego a este pequeño patio público donde conviven añosos árboles, tiendas de libros y antigüedades, restaurantes y cafés. Estoy sentado en el último, hace unos veinte minutos, escribiendo. En ningún momento ha cesado Miles Davis, la temperatura ambiente debe bordear los veinte grados. Mañana es la primera charla, el sábado comienzo mi taller literario. Como si lo anterior no bastara, me llama una autoridad de gobierno para ofrecerme un empleo interesante... Como gozo de buena memoria, no puedo evitar sonreir... Salut!"

Juan Millalonco Díaz.

miércoles, 22 de junio de 2011

Tardes extrañas

El frío arrecia en la capital (de Chile, hay que aclarar en estos tiempos "globalizados"). De pronto me escapo de mis rutinas habituales, y me interno en parajes tan distintos al capitalino, con su tráfago humano y el ruido que todo lo inunda. No voy lejos, apenas un par de horas hacia el sur por la carretera y, sin embargo, eso basta para sentirme en otro mundo. "Un mundo más profundo y más viejo". Almuerzo en uno de esos restaurantes campestres tan propios de la zona centro de nuestro anoréxico país, soy el único cliente a estas horas y con este tiempo, y mientras observo el campo en silencio, sintiendo apenas el sonido de unas gallinas a lo lejos, me embarga ese vértigo existencial, especie de orgasmo ontológico que por sí solo bastaría para justificar mi accidentado paso por este circo. Ay nostalgia!... Si pudiera pintarte con colores para que todos te vieran...


Juan Millalonco

martes, 21 de junio de 2011

Lecturas varias...

Ha pasado tiempo desde mis últimos posteos. Estrella distante quedó a medio leer y sin ninguna frase que ameritara citarla. Por estos días avanzo con dificultad en 1Q84 de Murakami, "Sin destino" de Imré Kertesz, y media docena más de textos que van desde la filosofía política a la Historia de México, pasando por la biografía de Karadima, Couching, y otras hierbas. Con dificultad avanzo por este ritmo capitalino que apenas deja un rato para "abrocharse una estrella en la frente", como dijera Traveler en un remoto libro que alguna vez leí. Acompañaré los párrafos que correspondan de Murakami y Kertész. Santiago está helado, y si mi vida no consistiese por estos días en una carrera frenética entre viajes, reuniones, informes, y todo aquello de lo que un adolescente lejano se reía, consideraría seriamente salir a caminar por la costanera dejando que la nostalgia (esa bella sensación de felicidad que me ha acompañado siempre) me embargara...
Ya habrá tiempo, eso espero.
Por ahora intentaré hacerme un espacio para la modesta tarea de mantener un blog.
Como dijo Benedetti: He llegado a viejo y el destino era esto... en su mejor momento una nostalgia, en su peor momento un desamparo.

Juan Millalonco.-

domingo, 8 de febrero de 2009

La casa de Dostoievsky

"En cualquier caso, dicen que los billetes de a cien dólares le sirvieron para llegar desde Roma, donde había vivido gratis en casa de Arbeláez, hasta París, y para hospedarse en un hotel de mala muerte en la rue des Carmes, hacia el final del barrio latino, en los faldeos de la montaña de Santa Genoveva. Ahí compraba libros de segunda mano en pequeñas librerías que tenían sus cajas de saldos colocadas en la calle, obras de Alain Fournier, de Charles Nodier, de Marcel Schwob, incluso de Stéphane Mallarmé; veía películas antiguas en una sala de cine barata, de una estrechez extravagante, filmes de Murnau, de Von Sternberg, de Marcel Carné, sin excluir a Carlitos Chaplín, a Buster Keaton, ocasionalmente a John Ford y hasta Orson Welles, y se alimentaba en los cafés del barrio de pizzas o de baguettes con mantequilla, con uno que otro pepinillo, con una lonja de jamón cuando quería darse un verdadero lujo. Cosa curiosa, en París, en el corazón del París bohemio e intelectual, se propuso suprimir el vino, que no sabía medir y que empezaba a producirles resacas monumentales, y lo consiguió sin demasiado esfuerzo. Y una mañana, parece, descubrió que el Poeta Oficial, Nerón Neruda, caminaba por la vereda del frente, en una de las calles de subida a la Montaña de Santa Genoveva, en compañía de dos o tres acólitos, y apuró el paso, con intensas palpitaciones de su corazón, para no tener que saludarlo. Después se lo contó a un pintor chileno de apellido Moncada y se rieron mucho con la anécdota: el poeta que evitaba al otro poeta, al consagrado, al vaca sagrada, a toda costa, y hasta con riesgo de su vida, es decir, de su vida poética y biológica."
La casa de Dostoievsky. Jorge Edwards. Primera edición. Editorial Planeta-Casamérica. Pág. 124.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La broma

"La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden sólo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para inmaduros; un escenario para el jovencito Nerón, un escenario para el jovencito Napoleón, un escenario para masas fanatizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastróficamente real".
La broma. Milán Kundera. Sexta edición. Editorial Seix Barral. Página 100

"La gente suele ser esclava de las ordenanzas. Alguien les ha dicho que deben ser de tal o cual manera y ellos tratan de ser así y jamás llegan a saber quiénes eran y quiénes son. Al final ya no son nadie ni nada, actúan de una forma ambigua, oscura, confusa. El hombre debe tener ante todo el valor de ser él mismo".
Id. Página 201.

"Yo solía decir para mis adentros, con cierta satisfacción, que Lucie era para mí algo abstracto, una leyenda y un mito, pero ahora comprendía que tras estos términos poéticos se ocultaba una realidad nada poética: que no la conocía; que no la había conocido tal como era, como era en sí misma y para sí misma. No había percibido (en mi egocentrismo juvenil) nada más que aquellos aspectos de su ser que se orientaban directamente hacia mí (hacia mi abandono, hacia mi falta de libertad, hacia mi ansia de ternura y de amabilidad); no había sido para mí más que una función de mi propia situación vital; todo aquello en lo que iba más allá de esta situación vital, todo aquello en lo que era ella misma, se me escapaba."
Id. Página 261.-

miércoles, 28 de enero de 2009

Middlesex


"Ya no había tiempo. Cuando el coche caía, Milton sólo pudo quedarse perplejo por el giro que habían tomado los acontecimientos. Se había pasado la vida sermoneando a todo el mundo sobre la forma de hacer las cosas bien, y ahora él había hecho aquello, la cosa más estúpida que jamás se le hubiera ocurrido a nadie. Apenas podía creer que hubiese estropeado las cosas hasta tal punto. Sus últimas palabras, por tanto, fueron dichas suavemente, sin ira ni miedo, sólo con asombro y una pizca de coraje. "Cabeza de chorlito", dijo Milton, para sus adentros, en su último Cadillac. Y luego el río lo reclamó"
Middlesex. Jeffrey Eugenides. Edit. Anagrama. Página 650

"Pensé en el hecho asombroso de que el mundo contuviera tantas vidas. En aquellas calles, la gente se veía envuelta en mil asuntos, problemas de dinero, problemas amorosos, problemas con los estudios. Había quienes se enamoraban, se casaban, iban a rehabilitación de alguna drogodependencia, aprendían a patinar sobre hielo, se habituaban a llevar bifocales, estudiaban para los exámenes, se probaban ropa, se cortaban el pelo. Nacían niños. Y en algunas casas había personas que envejecían, enfermaban y morían, dejando que otros llorasen su muerte. Eso pasaba de continuo, inadvertidamente, y eso era lo que realmente importaba. Lo que verdaderamente tenía importancia en la vida, lo que le daba peso específico, era la muerte. Vista de ese modo, mi metamorfosis era un acontecimiento de escasa significación. Sólo al chulo de antes le habría interesado. "
Idem, página 659.

lunes, 26 de enero de 2009

Cartas. Julio Cortázar




"... es ya tarde. Tarde para retornar a un pasado lleno de cosas hermosas; es tarde para volver a ser como antes, encontrar los mismos afectos y las mismas esperanzas. Hay, en todo esto, una ciega crueldad que no me importa analizar. Me he vuelto harto escéptico acerca de valores que antaño se me antojaban inconmovibles; el concepto de la amistad es uno de esos valores que ha perdido para mí gran parte de su sentido. ¿Qué fuerza genuina hay en la amistad, si basta distanciarse, enfrentar problemas distintos durante cierto tiempo, para que todo lo que antes mantenía vivo el afecto se enfríe y se desnaturalice? En suma, la amistad es un inmenso egoísmo: se tiene un amigo mientras ese amigo refleja los mismos problemas que lo afectan a uno; mientras es una especie de espejo complaciente. Pero cuando el amigo se aleja, recobra su individualidad, se torna verdaderamente otro, entonces, precisamente cuando la amistad debería cumplir todo su sentido, es cuando se derrumba, y se reduce a una fría relación que espanta y que, en suma, es mejor romper y terminar..."

Extracto de carta escrita por Cortázar con fecha 14 de Octubre de 1939 a Mercedes Arias, desde Chivilcoy. En "Cartas", volumen 1, página 58.-

El gran Gatsby

"En mi más temprana edad, alguna vez mi padre me dio un consejo que desde entonces hago dar vueltas en mi mente.
- Cuando sientas deseos de criticar a alguien -me dijo-, recuerda tan sólo que no todos en el mundo tuvieron las ventajas que has tenido tú.
No agregó nada más, pero como siempre hemos sido comunicativos de una manera poco habitual, reservadamente, comprendí que quería decir mucho más que eso.
De aquí que tienda a reservar mis opiniones, costumbre que ha permitido que se explayaran conmigo algunos espíritus interesantes y que a la vez me ha hecho víctima de no pocos fastidiosos de reconocida fama. Las mentalidades anormales descubren con rapidez esta cualidad en otros y se aficionan a ella cuando se presenta en una persona normal; por eso en el colegio se me acusaba injustamente de ser político, porque conocía en forma privada las preocupaciones secretas de hombres reservados y extravagantes. La mayoría de estas confidencias eran involuntarias de mi parte; a veces hasta he fingido tener sueño, estar preocupado o ser de una ligereza hostil, cuando advertía, gracias a alguna señal inequívoca, que una confidencia íntima asomaba en el horizonte; porque las confidencias íntimas de los jóvenes, o a lo menos los términos en que las expresan, son por lo general plagios, o se hallan desfiguradas por omisiones evidentes. Reservarse el juicio es fuente de infinitas esperanzas. Aún siento un poco el temor de perder algo si llego a olvidar -como mi padre presuntuosamente me sugería, y como repito presuntuosamente- que el sentido de los recatos fundamentales se distribuye desigualmente desde la cuna."
El gran Gatsby. Francis Scott Fitzgerald. Página 1. http://www.lecturalia.com/libro/18390/el-gran-gatsby

domingo, 25 de enero de 2009

¿Cuántos eran políticos?

"En una cierta comunidad mítica, los políticos siempre mienten y los no políticos siempre dicen la verdad. Un extranjero se encuentra con tres nativos y pregunta al primero de ellos si es un político. Este responde la pregunta. El segundo nativo informa, entonces, que el primer nativo negó ser un político. Pero el tercer nativo afirma que el primer nativo es realmente un político. ¿Cuántos de estos tres nativos eran políticos?"
(Introducción a la lógica. Irving M. Copi. Pág.29).

Kafka en la orilla




"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y eso se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo.Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillos se tratase. Muchas personas han derramado ahí su sangre y tú asimismo, derramarás ahí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y también la sangre de los demás.Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No!, ni siquiera estarás seguro que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella."




Kafka en la orilla. Haruki Murakami. Tusquets editores.
http://www.lecturalia.com/libro/1603/kafka-en-la-orilla

Tokio Blues




"...me fui a shinjuku y deambulé por el barrio para matar el tiempo. Las calles atestadas en domingo me sosegaron. Compré Luz de agosto, de Faulkner, en la librería Kinokuniya, llena como un tren en hora punta, entré en el jazz café más ruidoso que encontré y escuché a Ornette Coleman y Bud Powell mientras tomaba una taza de café amargo y leía el libro que acababa de comprar. A las cinco y media cerré el libro, salí a la calle, tomé una cena ligera. "¿Cuántas decenas, no, centenares de domingos como éste me quedan por vivir?", me pregunté. "Domingos tranquilos, apacibles y solitarios", dije en voz alta. Los domingos no me doy cuerda."



(Tokio blues. Haruki Murakami. Tusquets editores, pág. 265).
http://www.lecturalia.com/libro/1599/tokio-blues